A la hora de emprender no sólo arrastras tu patrimonio personal, sino también, se suele implicar a la familia.

Es por ello que debes ser realista, ponerte en el peor de los escenarios y ver qué opciones existen si fracasas. Comprobar la viabilidad y probar bien la idea antes de asumir inversiones que suponen una gran responsabilidad.

Debes tener claras las respuestas a las preguntas que surgirán si el proyecto no llegara a ponerse en marcha como lo tenías previsto:

¿en qué situación me quedo? ¿Cuánto me voy a poder endeudar a la hora de montar el negocio para saber si sale mal si es digerible?

Harás una inversión, pero tampoco te puedes echar la manta a la cabeza.

Hay que ser realista. Sobre todo cuando tienes una edad en la que todavía eres joven y no te puedes hipotecar para siempre. Como toda inversión, tiene su riesgo económico. Si va mal, ¿qué pasa? Hay que hacerse ese planteamiento.

Debes estar preparado para recibir el golpe: es necesario estar preparado para el éxito, pero también para los fracasos.

Quiero emprender… ¿y mi familia?
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